Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












viernes, 22 de diciembre de 2017

Caminito



                                                      Fotografía de la autora del blog





Cuántas veces te seguí, caminito
solo y callado, escuchando mis pasos
y mis pensamientos.
Cuántas veces te vi mojado,  haciendo destellos
como  profundos cristales donde se reflejaba
la distorsionada forma de las cosas.
Eras y no eras tú a la vez,
caminito  frío y melancólico.
Al final parecía que había una luz salvaje
que aventuraba algo nuevo,
resultó ser un fuego en el cielo, cómo nos dolió, caminito.
Y pasado un tiempo volvieron las ganas de seguir,
un pie delante del otro, y una sonrisa.
Somos siempre capaces de levantarnos,
a pesar de las heridas.
Caminito lleno de cicatrices, se aproxima otro año,
habrás notado el temblor.
Pidamos que me veas pasar,
que yo te vea al abrir mi puerta.







Felices Fiestas, lectores de Poesía más que nada.













martes, 5 de diciembre de 2017

En Diciembre

Un cielo cubierto, metálico e intenso, que no parecía decidirse entre un rayo de luz o una oscuridad adelantada de hora.
Se sucede la tarde monótona, con la travesía de idas y venidas en automóviles de todo tipo.
En el puerto trabajo lento, el paisaje de una campiña de casas que fueron de pescadores, al fondo las luces que se van encendiendo, en una ciudad no tan alejada.
Amenaza lluvia la tarde, a la espera mi mirada tras los cristales.
La segunda planta del hospital es un murmullo, cada habitación con sus habitantes, y se llevan por el pasillo la merienda, se queja mi madre de que el café no la deja dormir, pero es descafeinado.
Qué pasen rápido estos días, decimos.
De qué hablar hoy otra vez; el calor que hace aquí dentro, el médico simpático, aquella historia de hace mil años. Silencio. De nuevo a la ventana.  Va a llover. Paraguas de colores. Qué falta hace esta bendita lluvia.
El cielo plomizo, el autobús ya se va, damos otro paseo con cuidado.
La vida lucha por serlo en cada paciente, el pesar parece esconderse, y es mejor dejarlo atrás.





                                                        Fotografías de la autora.
                                                      El Musel, desde el Hospital
                                                                  de Jove, Gijón





martes, 14 de noviembre de 2017

Dolce vita






                                               
                                                Imagen sacada de Internet












El mundo, demasiado pequeño,
es, ya no un viaje fantástico,
más bien una habitación cerrada,
donde algunos se empeñan 
en quedarse todo el oxígeno.
No querrás vivir así,
te darás cuenta tarde,
luego de haberte creído
tan especial.
Hay un momento exacto,
un segundo tenue
de resplandor y silencio,
y entonces, el golpe en la frente,
el dolor que se abre dentro.
Te escribí una carta, 
te hablé de todo eso
con la emoción en cada letra,
temblando, y tú, 
preferiste dejarte ahogar.









jueves, 9 de noviembre de 2017

Sequía emocional



                                                                  Pantano Barrios de Luna, fuente, El País



También la lluvia necesita
que alguien se acuerde de ella,
que alguien la llame, 

que alguien la llore,
que alguien la quiera.
También los que ya no están necesitan
que alguien se acuerde de ellos,
que alguien los llame,
que los lloren, y les quieran.
También la lluvia,
los que ya no están,
también nosotros.

No es tan difícil de entender;
la mitad del camino es
una inmensa necesidad.





domingo, 8 de octubre de 2017

Días desesperados


                                   
                                                             Imagen de Gdefon



Demasiado el peso
-es como sentir que te ahogas- 
de estos días desesperados,
que gritan como locos. 
Hay un abismo, una grieta en el suelo 
que pisamos, que se atreve a mirarnos
y espera el instante del tropiezo,
hay un dolor, un pensamiento negado mil veces,
esa penumbra que empieza a acercarse
para atraparlo todo.
Tan grandes fuímos, tan jóvenes, tan razonables,
ahora tan pequeños, tan viejos, tan tontos,
que no queda nada para llevarnos a los labios, 
y poder articular una frase que sirva para algo.
Qué pasará mañana, seguros como estamos 
de que perdemos, de nuevo, sí.
Qué haremos entonces, seguros de nuestra fragilidad,
con el miedo en el cuerpo, 
secándose como agua helada sobre nuestros huesos.
Demasiado el peso,
es como sentir que te ahogas
y te quedas quieto, inmóvil, paralizado,
quebrado, roto, y ciego.
Qué  será de nosotros, de nuestros deseos,
de nuestro amor, de todo este mundo.
Y esa grieta que sigue creciendo, y nos espera.